domingo, 15 de marzo de 2009

Un estilo de avanzada: el High Tech

(Por José Félíx Barahona)
Hace ya más de cincuenta años el mundo se reiniciaba y se envolvía en una verdadera metamorfosis. Le sucedían muchos cambios sociopolíticos, geopolíticos y económicos, empero al mismo tiempo se gestaba una gran revolución tecnológica, marcada por el ascenso de Rusia en la escena mundial. Esa revolución trajo consigo el desarrollo de nuevos tipos de edificios y estructuras diseñadas por ingenieros. Por aquel entonces una corriente arquitectónica conocida en el ámbito de la arquitectura como Movimiento Moderno, ya había hecho de las suyas y con ello la arquitectura parecía estar condenada al aniquilamiento total, su paradójico destino era similar al de aquel implacable Unicornio Azul¹ salvadoreño: morir a manos de mediocres, que con toda certeza hubiesen tenido el cinismo de no entregar su cadáver a sus vástagos, sin importar el dolor que ello les hubiese causado.

¿Quién te querría Arquitectura con un bastón de acero escupiendo tus sueños en una acolchada cama de hormigón armado y luchando con tu senilidad para cambiar las flores marchitas del vestíbulo? "Cuando sepas que he muerto no pronuncies mi nombre/ di silabas extrañas, pronuncia flor, abeja…. / no dejes que tus labios hallen mis doce² letras". Sin embargo gracias a la incipiente revolución tecnológica esto no se pudo cumplir y debido también a unos conspicuos arquitectos que integraban una pandilla conocida en el mundo de la arquitectura con el nombre de ARCHIGRAM, que es de donde el High-Tech tiene su origen ideológico. El Archigram, fue un grupo arquitectónico de vanguardia creado en la década de los 60, principalmente en la Asociación de la Arquitectura de Londres. Era futurista, heroico y pro-comunista, inspirándose en la tecnología con el fin de hacer surgir una nueva realidad que fuese manifestada solamente a través de proyectos hipotéticos. Los principales integrantes de esta pandilla fueron Peter Cook, Warren Chalk, Ron Herron, Dennis Crompton, Michael Webb y David Greene. Eran arquitectos espabilados que exploraban las posibilidades tecnológicas de nuevos materiales y estructuras de su época.

La Ciudad Enchufable de Peter Cook, en 1966, fue lo mejor que salió de Archigram. Era un sueño de una megalópolis futura en la que el hedonismo convivía felizmente con la tecnología ultramoderna. A primera vista, la utopía urbana de Cook se parece mucho al Centro Pompidou de Renzo Piano y Richard Rogers (1977) o al diseño no construido de Norman Foster para un centro cívico y un intercambiador de transportes en Hammersmith, en el oeste de Londres (1979). La Ciudad Enchufable estaba coronada con grúas para mostrar que estaba en un estado de flujo constante: si alguien quería mover su capsula para vivir o vaina del placer o lo que fuera, podía. Las ideas arquitectónicas de Cook, se basaban en la premisa de gente pasándola bien pero dentro del contexto de una arquitectura nueva y altamente sensible.

No debe extrañar entonces que Rogers y Foster, tuvieran influencia de Archigram, y ha Rogers, en particular, le entusiasmaba la idea de una tecnología liberadora que ayudaría a la gente a disfrutar más que a sentirse amenazada como en las Metrópolis. Para finales de los años 70, y en las manos de Richard Rogers, Renzo Piano y Norman Foster, esto se había convertido en una forma de arte por derecho propio. El estilo, porque lo era, fue apodado High-Tech (Alta Tecnología), con un afán por enseñar las estructuras, el acero, el concreto, el vidrio y mostrarla como estética de la edificación. Aunque lo fascinante de él es que los mejores de estos edificios lejos de ser desnudas estructuras de ingeniería, son artefactos muy acabados que necesitaron de una sofisticada destreza a la hora de terminarlos. Son celebraciones de ingeniería estructural vistas a través de ojos de arquitectos, y en cierto sentido sus exhibiciones pulidas y refinadas de acero, tuberías y conductos son una forma de decoración como las columnas clásicas con su cesto de hojas de acanto.

Estos son edificios ostentosos y diseñados, quizás, para demostrar que la arquitectura que no le debía nada a las convenciones podía tener su verdadero glamour. El Edificio Lloyd´s de Richard Rogers, es en todos los aspectos tan refinado y hecho a la medida como el Palacio Stoclef de Josef Hoffman. Existen, no obstantes a la menos otra rama de edificios robóticos. Primero, los que eran ante todo maquinas y no para que vivieran normal o regularmente seres humanos. Incluyen las diferentes torres y centros de comunicaciones, así como la antigua imprenta del Financial Times en los Docklands londinenses de Nicholas Grimshaw y la hermosa estación receptora de satélites en Affleur, Austria, diseñada por Gustav Peichl. Estructuras tan impresionantes difícilmente podían evitar impresionar las sensibilidades de arquitectos que se hicieron famosos en la era de las comunicaciones de masas y la tecnología sofisticada. Segundo, existe una larga tradición de edificios brutalmente funcionales pero atractivos, diseñados para ocupar todo el espacio posible o llegar lo más alto posible sin el menor intento de quitarle la importancia a ese hecho. Incluyen la Torre de John Hancock, en Chicago y la enorme cúpula geodésica que Buckminster Fuller construyo para la empresa Union Tank Car Company en Baton Rouge, Louisiana.

Los más sofisticados de estos edificios como maquinas, sin embargo, son los más puros o aquellos que fusionaron los talentos de ingenieros y arquitectos sin que se note la diferencia. Tal es el caso del hangar para dirigibles en Orly o el de aviones en Ortobello. Perfección. O considerar los magníficos aeropuertos de Kansai y Hong Kong. Son maquinas desde las que volar, y tienen una franqueza y una sinceridad que arquitectos que trabajaron en otras tradiciones modernas encontraron difíciles de conseguir sin los artilugios de la tecnología en combinación con una alta dosis de osadía.

Y finalmente podemos decir que la tecnología desarrollada a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, fue convertida en un arte y la ingeniería estructural paso a ser un lenguaje muy florido de la arquitectura. Por aquel entonces ya algunas voces expresaban que "Menos es un aburrimiento", la inequívoca frase de Robert Ventury, en su muy leído libro Complejidad y Contradicción en Arquitectura (1966). ¿A caso los arquitectos debían revestir los armazones de sus edificios con capas góticas, togas clásicas o ser terriblemente osados y diseñarles un vestido a lo Bridgitte Bardot³? Pero lo cierto es que los vestidos moderno y postmoderno estaban ya bien gastados y corrompidos, en cualquier caso; necesitaban urgentemente de un vestido sustituto llamado: High-Tech.
(¹) Se refiere al poeta salvadoreño Roque Dalton, asesinado en 1975.
(²) Las cursivas son nuestras. Antología. Roque Dalton. San Salvador, ES, 1968.
(³) Modelo danesa, que en 1946, utilizo por primera vez, un dimito traje de dos piezas, llamado bikini, diseñado por el maestro francés de la moda, Louis Reard.