lunes, 5 de enero de 2009

Crítica Normativa Doctrinal - Deconstructivista del Mall Multiplaza

(Por Yanis Díaz, presentado el 14 de octubre de 2005 para la clase de Teoría de la arquitectura III)
El “mall (o mejor escrito, mol)” como mejor se le conoce no crea ni destruye. Una simple estructura cúbica siguiendo los mismos burdos cánones de lo sencillo o lo simple, lo funcional del modernismo, dejando a un lado la expresión formal que refleje algo más que “estabilidad”. Nótese las comillas, porque cualquiera que haya puesto algo de atención en esa llamada “estabilidad” notará que la fabricación no es concreto; durapax parece, y una simple capa de repello y color parecen ser suficientes para maquillar.

Al parecer, la funcionalidad impera sobre la formalidad sin detenerse a pensar: “qué se quiere expresar?” ni siquiera un intento mediocre de reflejar algo que todos escaseamos: identidad. Nada despampanante o grandioso, una simple supuesta roca de concreto es el reflejo de nuestro ocio. Las tiendas, los restaurantes por sí solos no llaman la atención. La atención debe ser algo que impacte y no deje salir al visitante; algo que deje boca abierta y que cada persona que ingresa se diga a sí misma: “impresionante”, “increíble”, o más común entre jóvenes “que fume!”.

Algunas tiendas intentan hacer una débil expresión por sobresalir en los diseños de los locales, pero ante un leviatán modernista, que todo lo abarca y que todo lo quiere para sí, en esta cultura, parece difícil de plasmar. ¿Tan complicado resulta ser una expresión que refleje sentimientos o emociones? ¿Acaso el tamaño es lo único que puede concebir la mente del hondureño, que piensa que por su grandeza la estructura va a resaltar? Lastimosamente, diseñador y visionario del proyecto sabe la mentalidad hondureña: esquiva a lo nuevo, esquiva a lo que desconoce, y su consecuente satanización. Pareciere que el movimiento modernista funciona como cual Inquisición, orientando a las mentes hondureñas de forma sutil hacia su adoración y asombro, y evitando y satanizando (no con ataques hacia las nuevas tendencias, pero con el simple hecho de no crearlas) cualquier obra vanguardista.

Cierto, cumple su función: atraer público, lograr que consuman, que gasten su dinero en ocio, un desprendimiento de la realidad en el sentido de distracción. Pero y la forma ¿qué? Se deja a un lado y se espera que con tal que cumpla función y que las tiendas en su interior logren atraer la mirada y desviarla de las obvias faltas de atención a la forma que la estructura completa posea. Es más fácil distraer desde el interior y atraer desde el interior con un mediocre juego de colores y luces, que utilizar la obra en sí, la majestuosidad de la forma para atraer y crear asombro y deseo de ver y visitar.

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