sábado, 8 de noviembre de 2008

La crítica del juicio del gusto y la arquitectura

Por Fredy Lagos (alumno de este semestre)
Mi intención no es brindarles un nuevo patrón para determinar cuando un objeto es bello o no lo es; lo que busco es que tengan la oportunidad de conocer las críticas del juicio del gusto que el gran y buen ponderado filósofo Emmanuel Kant nos haya legado años atrás para describir lo que él llamaba Dialéctica del juicio estético y como lo podemos aplicar en nuestros tiempos, en particular al campo de la arquitectura.

Según nos describe Kant, son cuatro momentos los que nos han de ayudar a decir cuando un objeto es o no bello, y son : la cuantidad, la cualidad, la modalidad y la finalidad.

La cualidad se ha de referir al goce estético que nos provoca un objeto; es decir, las sensaciones que nos puede transmitir, aunque quizá estas no sean las razones por la cual fue creado, por eso decimos que es intencionalidad sin intención, un juicio propio salido de nuestro ser.

Un caso muy en particular lo hallamos en la “arcada” del parque central de Tegucigalpa, la cual ha sido objeto de crítica; para muchas personas es una simple pared que no cumple con ninguna función y que por el contrario obstaculiza el paso de los transeúntes, para otros se trata de un elemento artístico que sencillamente da belleza al lugar, y quizás para otros simplemente los remonta al pasado. Pero lo interesante de este caso son las distintas sensaciones (agradables o desagradables) de aquellos que lo ven e interpretan a su manera, pero que no se acercan a la idea de su creador (Ver figura 1).

La cuantidad es el juicio del gusto en el cual tenemos conciencia de ser por completo desinteresados, puede, pues, reclamar con justo título un valor universal, aunque esta universalidad no tenga un fundamento en los mismos objetos; o en otros términos, hay derecho a una universalidad subjetiva, como nos lo explica Antonio Novo en su ensayo “Critica del Juicio”.
Podemos citar el caso las “Ruinas de Copan”, históricamente sabemos que allí celebraron sacrificios humanos y como seres consientes del derecho a la vida para todos los individuos, condenamos el sacrificio humano, pero no por esa razón hemos de decir que su arquitectura deja de ser un legado para la humanidad y mucho menos que tiene un valor histórico.

El tercer momento es la “modalidad” y esta se define como las distintas sensaciones que percibimos del mismo objeto cada vez que lo vemos, y que cada vez serán distintas. Imaginémonos el salón de convenciones del Hotel Marriot, donde se ha de dar una serie de eventos de distinta naturaleza; para el caso si se da una conferencia acerca de mercadeo entonces el espacio nos ha de transmitir un ambiente de seriedad , si se trata de un cena de gala el espacio deberá ser acogedor y será propicio para recrear un ambiente sociable para sus invitados, si se trata de un evento infantil deberá transmitirnos la alegría, incluso si vamos de día no será lo mismo que cuando vamos de noche, y así sucesivamente ; lo peculiar es que se tratara siempre del mismo espacio y cada vez que lo visitemos nos hará percibir distintas emociones.

El cuarto y último momento es la finalidad; que es la representación del efecto, este es el principio que determina la causa misma de este efecto, y le precede o sea la facultad de querer, en tanto que no puede ser determinada a obrar más que por conceptos; supone necesariamente la representación de un fin, desde que no podemos explicar y comprender esta posibilidad más que dándole por principio una causalidad que obra conforme a fines; en pocas palabras, la belleza es la forma de la finalidad de un objeto, en tanto que la percibimos sin representación de fin (Antonio Novo, ensayo “critica del Juicio”).

Podemos volver al ejemplo inicial de la “arcada del parque central” discutida al principio; las personas la perciben e interpretan a su manera, pero lo que muchos no saben es que cumple con un valor histórico, pues detrás de el existió un edificio con la misma fachada que hoy se muestra en este elemento arquitectónico para despestar las sensaciones nostálgicas de aquellos que lo recuerdan con agrado (ver figura 1 y 2).


Podemos decir entonces, que la belleza es subjetiva, pues responderá al punto de vista de cada quien; lo que para mi puede ser bello, para otra persona puede que no lo sea, sin embargo hemos de emitir un juicio sin prejuicios y juzgar una obra en base al concepto que la origino; es por esa razón que, como arquitecto debo estar abierto a las distintas críticas que se me hagan independientemente de que persona pueda venir.

0 comentarios: