lunes, 27 de octubre de 2008

El arquitecto como artista en el proceso de formación

Por: Ludwig Jobar Aguilar Frech
Presentado el 21 de mayo de 2008

Arquitectura. f. Arte de proyectar y construir edificios.
Definición textual de arquitectura en la cual podemos ver claramente la palabra “Arte”, de ahí, podemos mencionar a la arquitectura como una manifestación artística, partiendo de una concepción de arte como Hacer, no como un proceso mecánico que nos limite al parte de la definición que dice “proyectar y construir”, en un contexto de materiales y procesos: un concepto de fenómeno artístico como un cuerpo regido por toda una legalidad estructural (hablando de forma y método), concepto que vendría a sentar diferencias entre poesía y literatura; y recordando la arquitectura como un proceso artístico y no técnico, la diferencia entre arte y artesanado.

Tal proceso artístico deberá contener dentro de sí preceptos característicos de toda formación artística; entonces veremos una solución idealista a la arquitectura como “visión”, en contra de la arquitectura como “forma” donde forma es igual a organismo, formación de carácter físico; y un concepto de “expresión” en contra al de “producción”, acción formante todo esto situándonos dentro del momento de concepción de “arquitectura como arquitectura” haciendo de esto una acción plástica más que mecánica y dejando de pensar en arquitectura como objeto para un fin, sino haciendo de esta una manifestación autónoma de sí misma.

Al ser la concepción, el proceso de formación de la arquitectura, queda a la vista que es un proceso de invención, queda por consiguiente afirmado el carácter intrínsecamente artístico de toda realización humana. Revalorizando así, la dimensión artística de toda producción de formas, surge, a pesar de todo, la necesidad de hallar un principio de autonomía, que diferencie la formación artística, de cualquier otro tipo de formación, tomando en cuenta que esta dimensión solo la darán elementos característicos de una formación artística-arquitectónica tales como ser: ritmo, proporción y armonía (elementos característico de una composición artística); tales características estarán a su vez estrechamente ligados a factores muy particulares de cada individuo tales como moralidad (compromiso que hace concebir el arte como misión y deber), sentimiento (no exclusivo del arte, sino como medio por el cual se desarrolla) e inteligencia (como generador de juicio y no como soporte de la acción creadora).

Dichos elementos deberán ser, no más que un movimiento inteligente hacia la forma y no elementos generadores de una manifestación plástica; ya que como dice Croce “apenas empieza a manifestarse la razón y el juicio el arte se disipa y muere”; entonces veremos claramente la arquitectura como arte, no llegando a pensar, que por lo anteriormente mencionado se referirá al arte como elemento de producción irracional, ya que cabe mencionar que toda manifestación artística tiene una técnica y dado el caso de la arquitectura esta técnica es la ingeniería (entendiendo ingeniería como un proceso puramente racional); que quedara limitada a representar la manifestación plástica del proceso de formación.

Lo anterior, no vendrá más que a definir el actuar arquitectónico, entendiendo el actuar arquitectónico como “formativo” (actividad como ya hemos dicho en la que el arquitecto integra pensamiento, moralidad y carácter artístico) el mismo proceso en el que veremos la interacción de la formatividad (entendido como proceso creativo) con las exigencias intrínsecas a la formación mismas del objeto , en donde diremos, con el fin de no responder a necesidades que puedan generar un proceso mecánico ni mucho menos idealista, que en estas aproximaciones y retornos a la posible solución, esta será una forma ya definida y solo libremente interpretable; dejando así, libre el camino de transformación plástica, que vendría a dar una respuesta que fue ya intuida desde un principio.

Lo anterior deja claro que el proceso formativo dependerá de factores propios de la personalidad del artista y este será parte de la obra formante en calidad de estilo, entonces veremos en la obra arquitectónica la manifestación total de la personalidad y espiritualidad originales del artista, denunciadas, antes que por el tema y el argumento, por el modo personalísimo y único que ha evidenciado al formarla; llegando a pensar que por esto perderán significado las discusiones acerca de términos de contenido, materia, forma… donde, contenido de la obra es la personalidad misma del creador, la cual, al mismo tiempo, se hace forma, porque constituye el organismo como estilo, modo en el que la persona se ha formado en la obra, al mismo tiempo modo en el cual y por el cual consiste la obra.

No podríamos hablar del arquitecto como artista sin hablar de Santiago Calatrava, que nos hará recordar la definición teórica de arquitectura: arte de proyectar y construir edificios; (definición que para mucho se quedara corta con respecto a la arquitectura… pero dentro de la misma definición no podemos evitar ver la palabra arte, palabra que nos vendrá a dar una magnitud amplísima de lo que se debería definir como arquitectura, pensando en arquitectura como un proceso continuo de formación) Santiago Calatrava vendrá a reivindicar el carácter artístico que la arquitectura intrínsecamente tiene y del cual depende, dejando a la vista su formación artística que vendría a definir su obra, producción en la cual veremos como ya se había mencionado características personalísimas del arquitecto solo definidas por sí mismo y haciendo de la obra una formación libre… libre de ataduras técnica, racionamientos plásticos y prisas de producción; recordando así la frase de Croce “apenas empieza a manifestarse la razón y el juicio el arte se disipa y muere”

BIBLIOGRAFIA:
Estética de Payreson
Estética de Croce
La definición del arte, Umberto eco

2 comentarios:

jokr dijo...

HOLA!

Anónimo dijo...

Dificil disyuntiva; no tener limites en la creacion pero estar sujeto a los limites del material.