jueves, 2 de octubre de 2008

Cómo redactar un ensayo

En un post anterior hemos aprendido a leer de manera efectiva un ensayo, con el fin de captar su estructura, extraer su mensaje y comprenderlo a fondo. Pero en nuestra clase, donde el método para demostrar que hemos aprendido sobre un tema es escribiendo sobre él, no sólo vamos a necesitar leer para mejorar, sino también redactar por nuestra cuenta. Como dice Maria Teresa Serafini en su libro “Redactar un tema”-de donde hemos sacado los siguientes pasos y consejos-, escribir no es la simple operación de transferencia de algo que está en nuestro cerebro a una hoja de papel, hay un método detrás que facilita este proceso y garantiza mejores resultados: lo estudiaremos a continuación.

Escribir un ensayo implica cuatro etapas fundamentales: la planificación, la producción de ideas, la producción del texto y la revisión del mismo. Todas estas etapas deben ser llevadas a cabo en cualquier redacción, ya sea una tarea en casa como durante un examen, y la etapa de planificación es la que nos permite adaptarnos a situaciones distintas. Cuando planificamos tenemos como objetivo principal distribuir y ahorrar el tiempo que tenemos disponible, de manera que podamos cumplir con límites de tiempo establecidos. Decidiremos qué cantidad de tiempo asignaremos a todas las etapas de la escritura que ya mencionamos (planificación, escritura, revisión y copia si esta es solicitada). Las diferencias entre los tiempos de cada etapa dependerán de nuestra forma personal de escribir, por lo que debemos practicar lo suficiente para conocer cuánto tiempo dedicamos a cada fase. La práctica es mejor hacerla en casa, para llegar a examen con una idea de cuánto nos tardaremos en cada etapa de cada pregunta, y de allí a cada pregunta por separado. Si es necesario, debemos anotar en un papel los tiempos asignados a cada fase y respetarlos con la ayuda de un reloj.

Antes de empezar a trabajar debemos quedar completamente libres de dudas, y para eso debemos determinar las características de la redacción. Responder para quién estamos escribiendo nos señala quién es el destinatario de nuestro trabajo y el tono que debemos emplear según el caso. En clase nuestro destinatario es el maestro, por lo que todo tipo de jergas familiares y vocabulario no apropiado debe evitarse. ¿Qué finalidad tiene esta redacción? ¿Organizar informaciones, proveer al profesor de material para evaluar nuestra capacidad estilística, persuadir a alguien de una idea, divertir a los lectores? A pesar de que se pueden tener varias finalidades simultáneamente, es la principal la que debe ser tomada en cuenta. Tendremos claro el género textual que vamos a emplear, ya sea narración, descripción, o en nuestro caso un ensayo argumentativo. Nos cuestionaremos sobre el papel que debemos cumplir como escritores, qué criterios serán más valorados con respecto a otros, ya sea el emitir un juicio autónomo o poder expresar ideas de la forma más objetiva posible. Del título que se nos ha propuesto o de la pregunta que se ha planteado extraeremos el objeto del tratado, el tema que trataremos. Su extensión depende de su finalidad, de nuestra disponibilidad, capacidad y rapidez a la hora de escribir. Redactar volúmenes extensos no siempre demuestra que tenemos habilidad, a veces pesa más nuestra capacidad para sintetizar y eliminar detalles superfluos. En todo caso, lo ideal es conocer de antemano los criterios de evaluación del profesor para así encaminarnos correctamente. (Muchas veces estos incluyen sanciones por errores gramaticales u ortográficos.)

En la segunda etapa, la producción de ideas, continuamos en la sección de preescritura, pero aquí empezaremos a recoger información, a organizar las ideas, determinar nuestra tesis y redactaremos un esquema.

La calidad de nuestro ensayo está directamente relacionada con la profundidad de nuestra investigación. Antes de comenzar es muy útil poner por escrito cualquier punto que queramos aclarar, anotar las preguntas que se nos vengan a la mente y tratar de responderlas a medida que recaudamos información. Usaremos distintas fuentes, y a medida que vayamos encontrando material y surjan nuevas ideas o hechos, los iremos anotando en una lista. Esto es preferible a sólo memorizarlos porque será más fácil elegir lo que nos interesa. Además, esto permite ir construyendo desde el inicio nuestra lista de bibliografía.

Otra técnica para enfrentarnos a un tema y comenzar a estructurarlo mentalmente, además de las listas, son los agrupamientos asociativos. Esta es una representación gráfica que permite visualizar las relaciones entre las ideas. En el centro de una página anotaremos la idea, el hecho, el tema a tratar, y de forma radial escribimos todas aquellas ideas o información que hemos recopilado.

Una vez que tenemos suficiente material, ordenaremos estas ideas, y distinguiremos las más importantes, que estarán cerca del centro, de las secundarias que partirán de las primarias, como si fueran sus ramas. Esta reorganización del agrupamiento se llama mapa. La lista que habíamos hecho la podemos ordenar también, reagrupando los elementos en categorías que tienen cosas en común.


La característica esencial para el éxito de una redacción es la unidad. En un ensayo argumentativo es la tesis, la idea central la que nos servirá como elemento unificador. Al tener todas nuestras ideas a la vista determinaremos nuestra tesis, la idea que queremos defender. No podemos empezar a escribir sin saber qué queremos transmitir. Nuestra tesis debe poder expresarse en una frase o un párrafo corto. Un truco para saber si la idea que hemos escogido tiene lógica es enunciarla en una frase completa con un sujeto y un verbo, que exprese una idea sobre el sujeto. Si nuestra frase-tesis comienza por “yo pienso que” y se obtiene una oración con sentido entonces está bien planteada.


El siguiente paso a seguir es trazar el esbozo del ensayo, que consiste en el orden secuencial de las ideas y los argumentos. Un esbozo es una lista de los elementos recopilados, pero ahora con un orden jerárquico. Los elementos de un mismo nivel están alineados verticalmente y se marcan en forma ordenada por letras y números (que no aparecerán en la redacción final). Como el siguiente ejemplo:



Los componentes del esbozo son las palabras clave o frases cortas que transmiten la idea principal.

Llegamos a la etapa de producción del texto, en la que definiremos, desarrollaremos y ejemplificaremos las ideas del esbozo. Lo importante en esta fase es proveer suficientes explicaciones, argumentos que puedan ser compartidos por el lector. Un texto resulta convincente cuando lentamente se va acompañando al lector hacia la tesis: la extensión del escrito depende del tiempo necesario para implicar al lector. Un texto presenta continuidad de ideas que están relacionadas entre sí, para ello es recomendable utilizar palabras de conjunción como por ejemplo: “entonces”, “por eso”. Se puede leer en voz alta el ensayo o incluso grabarlo y luego escucharlo para comprobar si hemos logrado una redacción fluida y coherente.

En nuestros primeros intentos de ensayo a cada párrafo corresponderá una idea única del esbozo que habíamos trazado. Estos se pueden estructurar desarrollándolos por ejemplos, por confrontación o contraste (cuando un párrafo subraya la similitud entre objetos, términos, ideas o lo hace con sus diferencias) o por encuadramiento, que desde el comienzo de un párrafo se indica la estructura a la que responde: “Tengo tres razones para estar contento: la primera es…, la segunda es…, la tercera es…”. Cuando se trata de defender una idea, existe una técnica muy conocida llamada modelo de Toulmin, que proporciona los elementos de un buen argumento: la afirmación, la información y la garantía. En la afirmación presentamos la idea principal del párrafo. Los datos de apoyo a la afirmación representan la información. Por último la garantía es el vínculo entre afirmación e información, que muestra la importancia de la información como soporte de la afirmación. Veamos el siguiente ejemplo:


“Seguramente Fido piensa que estamos locos deteniéndonos con el automóvil en medio del campo. Corre y ladra con mucha agitación para preguntar si es un error.”
La afirmación es: “Fido seguramente piensa que estamos locos.”
La información: “corre y ladra con gran agitación”
La garantía: “para preguntar si es un error”

En nuestra redacción se pueden incluir tres tipos de párrafos, y la preponderancia de unos con respecto a otros se relaciona con la finalidad del escrito. Los párrafos narrativos son una secuencia de afirmaciones-informaciones que no requieren garantía. Los expositivos-argumentativos utilizan el modelo de Toulmin para persuadir al lector. En ellos debemos captar su interés y simpatía siendo lo más concretos posibles o haciéndolo compartir nuestro punto de vista. También se deben poner en evidencia inmediatamente los aspectos importantes de la tesis que estamos exponiendo, evitando los preámbulos largos y las premisas obvias que el lector ya conoce. Recordemos que pocos argumentos de buena calidad tienen más efecto que muchos argumentos si algunos de ellos son dudosos. En todo caso, es mejor mostrar que declarar. Esto significa que resulta más valioso exponer ejemplos y detalles que comprometan al lector asociando imágenes concretas a las ideas que decimos.

Con el propósito de no resultar genéricos evitaremos algunas costumbres como usar frases hechas o expresiones de jerga. Estas son oraciones ambiguas que puedan interpretarse de muchas maneras, o que son particulares de un grupo y difíciles de captar al que no pertenece a él. Es muy recomendable utilizar diferentes ángulos de perspectiva espaciales y utilizar los cinco sentidos cuando estemos describiendo algo. Por ejemplo, cuando describamos un edificio podríamos “verlo” desde distintos puntos para hacer más interesante su imagen.

Para ayudar al lector a seguir el hilo de un escrito y que aprecie la relación entre sus diferentes partes podemos usar conexiones. Entre ellas incluimos el uso de un pronombre para referirnos a un elemento anterior del texto; a repetir una palabra clave que se refiere al elemento central del discurso; utilizar una expresión que sintetice la idea expresada en la frase o párrafo anterior del cual se parte; o utilizar expresiones de transición. La siguiente es una lista de referencia, que podemos emplear cada vez que nos preguntemos cuál es la conexión entre la frase o párrafo sobre el cual se está trabajando y verificar si la conexión es lógica.


1) Consecuencia, causa y efecto: entonces, por eso, por lo que sigue, entonces resulta que…
2) Ejemplificación: por ejemplo, es decir, como…
3) Contraste y concesión: pero, a pesar de, sin embargo, al contrario, en cambio, si bien, por otra parte…
4) Reafirmación o resumen: en otros términos, en breve, en efecto…
5) Relación temporal: en cuanto, a continuación, hasta que, cuando, finalmente, después…
6) Relación espacial: al lado, arriba, abajo, a la izquierda, en el medio, en el fondo…
7) Semejanza y enfatización: de la misma manera, similarmente, del mismo modo…
8) Agregación: y, además, después, también, por añadidura…
9) Conclusión: finalmente, para resumir, terminando…

Al ser cuidadosos con nuestra puntuación facilitaremos la comprensión del texto. Al separar elemento de una lista, si estos elementos son breves utilizaremos la coma, si son largos utilizaremos el punto y coma, si es necesario incluso el punto. Una coma nunca debe separar sujeto y predicado. Tampoco son buenos los fragmentos de frases, en los que se fraccionan períodos con puntos en medio. Los diferentes signos de puntuación muestran jerarquías en los elementos de una frase. Sin embargo, no siempre las posiciones relativas son precedidas y seguidas por comas. Esto significa que si una proposición es indispensable para el sentido de la frase no se usa coma, pero sí en las que pueden eliminarse. Otro punto muy importante es distinguir entre el punto y el punto y aparte. El primero se utiliza si seguimos tratando la misma idea, pero si hemos terminado y pasamos a la siguiente usaremos un punto y aparte, determinando un párrafo.

Las introducciones y las conclusiones también ayudan a la comprensión del texto, pero se redactan hasta el final, cuando las ideas ya han sido desarrolladas ya que deben ser coherentes con el cuerpo central de la redacción. Existen distintas categorías para clasificar las introducciones y las conclusiones. Una introducción-encuadre es aquella en la que encuadramos el problema que propone el título, se declara su importancia y su actualidad. También se presenta una síntesis del trabajo y se plantean las preguntas que contestará durante su desarrollo. La introducción para captar la atención trata de atraer interés usando citas, informaciones curiosas o incluso ejemplos concretos que anticipan problemas que se desarrollarán en el cuerpo del texto. Por otro lado, las conclusiones pueden ser tipo resumen, propósito o con efecto. En las conclusiones-resumen se enuncian brevemente los problemas principales que se trataron en el texto y se hace énfasis en la tesis que se presentó. En las conclusiones-propósito se indican otros argumentos que no han sido tratados y en los que se quisiera profundizar en un escrito posterior. También se pueden incluir propósitos o resoluciones que se ha propuesto el autor con respecto al tema. Una conclusión con efecto contiene un hecho curioso, una paradoja u ocurrencia que deje al lector un recuerdo divertido y positivo de lo que leyó.

En el último y cuarto paso, la revisión, se verificará que las ideas sean claras y coherentes. Este paso puede repetirse varias veces y de hecho es recomendable que así sea. Podemos pedir a otros que lean nuestro ensayo para tener otra perspectiva y verificar si se transmite el mensaje adecuado. Al revisar nuestro ensayo podemos revisar su contenido, que el texto esté bien estructurado en el sentido que sus párrafos tengan un orden y organización adecuados. Se eliminarán pasajes que no tienen relación con el texto o divagaciones que no se relacionen con párrafos cercanos, caso en el cual será necesario reordenarlos. Se puede hacer un esbozo del ensayo ya terminado y lo podemos comparar con el que nos sirvió de guía al inicio. Verificaremos que las ideas secundarias no se hayan vuelto muy extensas o que las importantes sean cortas. En cuanto a la forma del texto, trataremos de hacerlo lo más legible posible simplificándolo. Cortaremos o simplificaremos frases que resulten demasiado largas; eliminaremos palabras, pronombres, adjetivos o adverbios superfluos. Hay que recordar que las frases más comprensibles son las más cortas. También es importante que la presentación del texto sea adecuada, limpia, no sólo por cuestión de estética, sino porque esto contribuye a facilitar la lectura y apreciar el texto.

Hago hincapié en que la práctica hace al maestro. A medida que practiquemos redactando ensayos iremos incorporando naturalmente esta serie de pasos hasta llegar al punto en que los sigamos sin darnos cuenta. A esto hay que agregar que los ensayos son la mejor forma de estudiar los temas de la clase: en un examen recordaremos con mayor facilidad nuestras propias palabras que una serie de datos recogidos al azar. En caso de que alguien quiera profundizar en cómo redactar recomiendo el libro utilizado para hacer este post, y desde luego, sus redacciones de práctica son bienvenidas para este blog.

2 comentarios:

AniTa dijo...

Marce te felicito por este blog, por el nombre, los ensayos que te has tomado tu tiempo y dedicacion para trasmitir tus conocimientos, no solo a los alumnos, si no tambien a otras personas!! Q gran ayuda la que brindas!! Espero sepan apreciarlo!!!

letrina dijo...

Hola, muchas gracias por la información y por la forma tan clara para exponerlo.

saludos,,